LAS GEMELAS
Prescindiendo de qué otra cosa fueran, las Torres Gemelas del World Trade center eran colosales. Cada torre tenía 110 pisos elevándose desde la acera 411 metros. ¡Casi medio kilómetro en el aire! Dominaban completamente el famoso perfil del conjunto de los edificios de Nueva York, hasta que fueron destruidas por un atentado terrorista el 11 de septiembre de 2001.
Pero no eran solamente sus tremendas alturas las que empequeñecían a los rascacielos circundantes. Con respecto a su enorme volumen, cada edificio era un cuadrado de 63 metros: casi media hectárea de superficie. Y puesto que los edificios se erguían en una sola línea, sin interrupciones, cada uno de los más de 200 pisos tenía aproximadamente media hectárea de superficie. Esa es suficiente superficie en cada piso como para más de nueve canchas de baloncesto profesional.
¿Cómo se construyó un complejo tan gigantesco?* La clase de terreno en la que se hizo la construcción era particularmente difícil. De hecho, en el siglo XVIII la tierra sobre la cual descansaban las Torres Gemelas había estado bajo el río Hudson. Para el año 1890, sin embargo, el relleno de tierra había hecho de la zona parte de la isla de Manhattan. Así es que la excavación del lugar supuso la remoción de los desperdicios del relleno de varias generaciones, así como el sedimento del río Hudson cargado con obstrucciones subterráneas como muelles antiguos y partes de barcos.
Veintiún metros por debajo de estos residuos está la capa de roca a la cual había que asegurar los rascacielos. Así es que durante la excavación el problema fue impedir el desequilibrio de las calles y edificios adyacentes debido a lo inestable del terreno. Además, estaba la cuestión de cómo impedir que el agua subterránea se filtrara a medida que procedía la excavación. La solución fue la bañera.
El trabajo en la bañera comenzó aun antes de que se removieran los 164 edificios de la zona de catorce manzanas que ocuparía el World Trade center. Esta bañera era una enorme pared de cemento que se extendía hacia abajo y que fue fijada en el lecho de roca. La pared se extendía alrededor de la mayor parte del lugar de construcción, el cual en un tiempo había estado sumergido en el río Hudson. Para construir esta pared subterránea, un equipo de excavación hizo, sección por sección, una zanja de noventa centímetros de ancho hasta llegar al mismo lecho de roca. A medida que se removía el material excavado de una sección, se bombeaba dentro de la zanja una mezcla de bentonita, algo más consistente que una sopa de fideos. Esta mezcla detenía el agua del terreno y mantenía los costados de la zanja de modo que era innecesario el apuntalamiento. A continuación, armazones prearmados de siete pisos de altura hechos de acero reforzado se bajaban dentro de la mezcla. Entonces se alimentaba el hormigón armado al fondo de la zanja a través de una cañería, forzando la mezcla fuera de la zanja.
Finalmente, el resultado fue una pared subterránea de hormigón armado de noventa centímetros de ancho que se extendía por 945 metros alrededor del lugar que iba a ser excavado. La excavación ahora prosiguió dentro de esta gran bañera. En realidad era una represa de cuatro lados. Mantenía el agua afuera a medida que proseguía la excavación, más bien que mantener el agua dentro como lo hace una bañera corriente. Esta bañera era enorme. De su interior se excavaron más de 917 mil metros cúbicos de material, que fue arrojado al río Hudson para crear 9,5 hectáreas de terrenos nuevos.
